En mis recuerdos, una vez, recién casados, Marlin y yo sembramos
un pequeño pino en la parte de enfrente de la casa que alquilábamos que tenía
un pequeño jardín el cual tratamos de resucitar de la muerte del descuido, así
que lo sembramos, era bien pequeño, recién nacido y comenzó a crecer verde y con
sus ramas sedosas y punsantes a la vez, con el aroma a pino que tanto me gusta.
Fue el primer día, cuando vino el infame Huracán Mitch, llovió tanto ese día y parecía
que nunca iba a terminar, en la noche se estanco tanto el agua en la parte
donde estaba el pino y de repente este se cayó al suelo. Marlin y yo estuvimos
casi toda la noche tratando de sembrarlo de nuevo, bajo la tormenta que nunca
terminaba y no nos dejaba hacer nuestro rescate, creíamos que si lo dejábamos tirado
se iba a morir ahí... ahogado en el lodo, le pusimos lazos y piedras por todos
lados y logramos pararlo de nuevo… al día siguiente, el pinito seguía de pie, agradecido,
encantador, verde y precioso! amarrado por todos lados, pero de pie y así
creció... le tomamos un gran cariño a este abeto. Cuando nos fuimos de esa
casa, a veces pasábamos por enfrente para verlo y siempre recordábamos esa
anécdota, hasta que el nuevo inquilino un día lo mato en su plena juventud, lo
corto de raíz porque le tapaba la luz... tal vez si hubiera sabido que ese pino
era un sobreviviente lo hubiera estimado como lo hicimos nosotros...
domingo, 21 de septiembre de 2014
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