Pasaron esos días y como dice la gente cuando hay una muerte
ajena “la vida sigue” y siguió… después de eso nos hicimos buenos amigos y nos
gustaba sentarnos a platicar en las gradas frente a tu casa junto con tu perro,
aquel perro cabezón al que no le encontraba la muerte, era mayor que
nosotros, tenía 19 años y se sentaba con
nosotros inmóvil, ciego, sin dientes hasta que caía la tarde y lo metíamos
cargado a la casa para que siguiera con su letargo… hablábamos de las cosas de la
vida, las más importantes en nuestra vida, de Ultraman, las
últimas hazañas de Kung fu, del último capítulo de tierra de gigantes y
aquaman. Desde esas gradas volamos muchos barriletes y lanzamos millones de
aviones del papel que nos robábamos de la imprenta que dejo tu padre . Así
crecimos, con los aleros del barrio, nos enseñaste a jugar 7 locos y a competir
para armar el cubo Rubik, nadie era más rápido que vos para eso, nos
desvelábamos contando chistes esperando a tu tía que viniera de trabajar de la
última tanda de aquel viejo cine para reírnos con sus tontas historias…
Ahora… vos también has muerto, una falla de la tecnología médica
combinada con una falla de tu cuerpo
fueron las excusas indiscutibles de los doctores… Bueno, ya partiste y de esto
fue que me acordé cuando pensé en vos, claro, no todo fue tristeza, también
fueron bromas, potras, fiestas y largas
noches jugando 7 locos o between . Si en
la otra vida se puede, espero te hayas encontrado con tu padre y con tu mamá
que partió mucho después de él, espero que aquella tristeza que siempre
mostrabas cuando hablabas de él se haya desvanecido y repongas el tiempo
perdido con tu papá y hagas todas las cosas que decías soñar hacer con el… Adiós
Lencho…





