Anoche…al pasar por la iglesia, le cedí el paso a una caravana
de 3 autos que salían de ella, el primero decorado para llevar a los novios, con
cintas y chongos blancos, atrás 2 más con sus familias, iban felices, así lo
sentimos nosotros… 3 cuadras adelante, cuando el semáforo cambió a verde y la
caravana comenzó a pasar, la fuerza de miles de toneladas de hierro impactaban contra
el último carro…una camioneta de lujo contra un vetusto taxi, el poder de la
velocidad movidas por litros del alcohol que convierten a un idiota en un
super-idiota, un infeliz cobarde que al ver el crimen que había cometido y los lamentos
que había provocado salió de su super-camioneta y corrió como loco hasta
perderse en la oscuridad de la las calles medio vacías. Frente a nosotros, el
cuerpo inerte comprimido por el mortal golpe, un devastador golpe que provoco la
muerte inmediata de una joven mujer, tal vez madre, esposa, tal vez maestra o
enfermera… el dolor en las caras de la familia que venían de celebrar un ritual
de vida inolvidable que se convirtió en un acto de muerte inolvidable, una celebración
de aniversario de todos los futuros años convertidos en el recuerdo de una muerte,
muerte que estaría escrita en la lista de Dios de los muertos de ese día… les
cedí el paso… pude haber sido yo, pensé… pero la vida o la muerte no son una
lotería…nos acercamos por si podíamos
ayudar pero ya nada se podía hacer… de regreso a casa, obligadamente tuvimos que
pasar por el mismo lugar, el mismo olor a muerte, el mismo llanto, las luces de
una patrulla y otro crimen impune en mi ciudad…
domingo, 21 de junio de 2015
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