domingo, 10 de abril de 2016

Por el Pan

Me cuesta aceptar que los domingos en vez de estar disfrutando con mi familia estoy trabajando... aunque estoy en casa es como que no estuviese... pero hay que trabajar, por el pan... Estoy escuchando esta belleza  de disco y miro por la ventana este preciosos día y me dan ganas de mandar todo a la mierda...



sábado, 12 de marzo de 2016

Un Ángel

En un día como estos el cielo reclamo un Ángel de la tierra, un Ángel que cambio por completo mi vida y la llevo por el camino que hay que caminar, un Ángel que aun me cuida, al que al cerrar los ojos me muestra su bella sonrisa, ese que me consoló en mis tropiezos y se alegró de mis victorias... a ese Ángel al que no me alcanzará la vida y lo que haga para pagarle y al que cuando me toque la hora, le voy a buscar para darle un abrazo tan fuerte que le dolerán sus alas....un Ángel llamado Jesus...


jueves, 10 de marzo de 2016

A mi Amigo que se va.

Mi querido Choco Villars…Recuerdo cuando nos conocimos, vos tendrías  unos 10, yo unos 8, no importa, ya pasaron muchísimos años de eso, pero vivimos juntos los mejores! Desde siempre fuimos buenos amigos, de los que ya no se encuentran y que pocos conocen! Pasamos por verdaderas pruebas de amistad que tal vez en ese tiempo no las notamos pero que ahora son muy valiosas en nuestros recuerdos… vos me enseñaste mucho, por mencionar algo, me hiciste aceptar que Italia es el mejor equipo de futbol del mundo, me hiciste entender que no había mujer más bella que Lucia Méndez  y que Antonionni era una estrella, me mostraste tu fuerza y tu valor al tener que dejar tus estudios para empezar a trabajar desde muy niño y convertirte en un gran mecánico, el mejor que conocía… el que se reveló a la miopía, el temible defensa, el hombre de confianza, el que retaba a Bruce Lee después de ganarle un mano a mano a Chuk Norris, el que queres tener a tu lado en Vietnam, en el planeta de los simios o en Macondo donde nos gustaba viajar, ¿te acordas? Sos aquel que con la seguridad que te da la rebeldía te acompañaba a robar mangos al museo y retaba a Juan Pelón, el que se quitaba el bocado de su boca para darlo a quien se lo pedía, el que todos los días inventaba un chiste o el que, con cariño, te ponía un apodo que llevarías por toda tu vida.

Recuerdo que varias veces hablamos de que cuando llegara la noche del 31 de diciembre del 2000 nos íbamos a reunir en los tubos
a jugar un 7 locos, a contar un par de chistes nuevos a escuchar a los inmortales Frijol y gañote y a fumarnos un par de Royal´s al son de Pink Floid… no se pudo verdad? Fue mi culpa, lo olvide… ojalá no me estuvieras esperando, nunca lo supe. Cuando llegue, tarde, el 1 de enero, me dijiste bromeando que ya no valía, ya era 2001, un año cualquiera, no el que pactamos…me disculpo de nuevo.  Ahora estas en ese punto sin retorno, en esta espera obligada, en la espera del ángel que cargo con tu existencia… maldito Cáncer… No quiero verte así…entonces no te voy a ver más nunca, por eso te escribo esto…tampoco sé si lo vas a leer…maldito Cáncer… Dormí tranquilo mi amigo, fuiste bueno, Dios lo sabe… Siempre has estado en mis recuerdos. Adiós mi inolvidable amigo…

domingo, 14 de febrero de 2016

El Chisme

como un chisme, una habladuría, viajando a la velocidad de un pedo forma grupos destructores...y cada uno va distorcionándose de lengua en lengua, de boca en boca, provocando males instantáneos con consecuencias impensables...Maledicencia, calumnia, chisme, chambre, infundio, habladuría, rumores, envidia, antagonismo, murmura... males instantáneos, cáncer de lengua...la alegría causada por el mal del prójimo...
Sabes la última?...así empiezan las guerras, la enemistad, la destrucción, el desprestigio, el daño irreparable...el chisme no solo nace, se desarrolla y muere... también se reencarna... Como dijo Plauto: Los que propagan el chisme y los que la escuchan, todos ellos deberían ser colgados: los propagadores por la lengua, y los oyentes por las orejas...


miércoles, 30 de diciembre de 2015

En Aquella Calle sin Salida

Mi infancia comenzó allí y allí se quedó, no en la escuela ni en el colegio, tampoco en el parque, quedó en aquella calle sin salida, quedó en el cerrito atrás de mi casa donde me escondía de la escuela, donde volaba barriletes y jugaba a la guerra con soldados de plástico, quedó en aquel cerro del que conocí cada laberinto y cada piedra, allí, en esa calle quedó aquel sol, aquellas frías lunas y más frías mañanas, allí quedó la neblina bajando lentamente desde El Picacho, los gélidos vientos de diciembre y sus fiestas navideñas hasta el amanecer, allí quedaron mis padres, mis hermanos, mis tíos, mi abuela, mis primos, allí quedó la puerta siempre abierta de mi casa, los juegos hasta tarde, las bromas, allí quedaron las potras del fin de semana, jugar libre, ganar a los cuadros, voltear las vistas del álbum… allí quedó. Allí quedó mi primer amor, mi primer beso y mi primer desengaño. Mi primera pelea se quedó allí, mi primer miedo, mi primera decepción. Allí quedó mi primer perro, mi primer trompo, mi primer barrilete, mi primera onda, mis primeros dibujos y mi primera bicicleta. Allí quedó la muerte que se llevó a alguien querido, allí quedó la carcajada abierta y la mirada sincera, la confianza y la sonrisa tímida, las mañanas de matiné allí quedaron, las tortillas recién hechas de Naya, las paletas de Doña Blanca y los mangos llenos de adrenalina de Villa Roy. Allí quedaron las fantásticas y tenebrosas intromisiones escondidas a la abandonada licorera y a la fantasmal iglesia perdida. Allí quedó el sonido de las llantas de la patineta en la Concordia. Allí quedaron las estupendas noches en los tubos, noches de 7 locos, de Frijol y Gañote y de los chistes del Choco Villars. Allí quedó la atrevida y provocadora traslucida luz en el camisón de la coqueta enfermera y las nocturnas escapadas calenturientas a la oscura piel de la profesora de inglés; el amanecer subiendo a pie camino al  Picacho… Allí quedaron las tardes de basquetbol, los juegos de beisbol con pelotas de calcetín, deslizarse por la cuesta de la muerte… allí quedaron los fantásticos LP´s de Emerson, Lake and Palmer, Rick Wakeman, Jethro Tull, Queen y Super Tramp… Allí quedaron las lágrimas derramadas por Lennon, el Schalke 04, la Pepsi con rosquillas, allí … pensar que allí quedo la verdadera amistad, el verdadero amor, mi niñez, mi infancia, mi adolescencia… Allí proyecte mi futuro y planifique mi vida… allí quedó flotando todo, allí esta, en aquella vieja calle sin salida…



viernes, 21 de agosto de 2015

TORPEDO

Le decían Torpedo, se llamaba Humberto. Era hermano de Don Arturo H, el hombre que tenia 3 esposas, todas con conocimiento de la existencia de las otras, en 3 casas diferentes claro, pero una junto a la otra y entre todas habían procreado como a 25 hijos, además de la abuela, doña Santos quien a sus 80´s le gustaban las cervezas y el abuelo, Don Trino, quien bajaba a comprar cigarros y no regresaba en días, debido al Alzheimer, nadie lo buscaba, un día él se acordaba donde vivía y regresaba solito.
Torpedo desde niño había proyectado una conducta rara, nunca lo llevaron al médico y entre ellos le diagnosticaron “Locura”, esa era su enfermedad y ya no había nada que hacer.
Torpedo se crió en la calle hasta llegar a los treinta y tanto años, su locura era tranquila pero a veces se tornaba violento, tanto que había que encerrarlo y amarrarlo en el cuarto que compartía con la abuela y el abuelo que eran los únicos que podían calmar sus días y noches de violenta locura y en quienes encontraba la paz en la mayor parte de su tranquila existencia.
Torpedo deambulaba por la calles de Tegucigalpa con su único y fiel amigo: un perro al que llamaba “Asaber”. -Torpedo, como se llama tu perro –le preguntaban-  Asaber!!! - contestaba  mirando al can al que acercaba su cara para que este se la lamiera con alegría.
Pero cierta vez, en uno de esos malos ratos, Torpedo se torno tan violento y la abuela quiso sujetarlo, este la lanzo apartándola de él con tanta fuerza, que la abuela cayó al suelo y se desmayo.
Al enterarse Arturo, su hermano, lo busco y al encontrarlo arremetió a golpes en contra de él hasta dejarlo con su cara desfigurada a golpes y casi sin conocimiento. Al recuperar el aliento, Torpedo salió en veloz carrera y se perdió entre las calles del centro. Minutos después llego una mala noticia: Torpedo se había lanzado de cabeza, a las llantas de una pesada volqueta perdiendo la vida de manera inmediata.
Torpedo había muerto: sin obituario que leer,  él había dejado la escena. El cuerpo descansaba en un improvisado ataúd hecho con tablas rusticas sobre el que habían puesto una foto que no se parecía a él. Todos los ajustes para el funeral habían sido tan mal improvisados como si el mismo Torpedo los hubiera preparado. El rostro, como se podía ver a través del cristal, no tenía semblante de desagrado: aparte de los magullones por los golpes y el aplastamiento craneal, perfilaba una tenue sonrisa, como si la muerte no le hubiera resultado dolorosa, un buen trabajo del maquillador.
A las seis de la tarde los amigos del barrio fueron citados para rendir su último tributo de respeto a aquel quien no había tenido mayor necesidad de amigos y menos de respeto. Los miembros de su numerosa familia no llegaron a su velorio y nadie lloró sobre su ataúd, esto opacaba la memoria de Torpedo; pero en presencia de la inevitable muerte la razón y la filosofía no hacen eco.
A medida que las horas iban pasando, los que llegaban al velorio en busca de guaro y tamales iban acomodándose  y ofrecían consuelo a los únicos parientes dolidos, la abuela y el abuelo, quienes, como las circunstancias de la ocasión requerían, estaban solemnemente sentados en la habitación con algunas señoras vecinas que llegaron por ver el dolor de los dos viejos.  Estos buscaron un rincón solitario y se sentaron de manera circular y como se acostumbra en los velorios, sacaron un naipe y cada uno su repertorio de chistes, para esperar el café con pan  y el guaro con tamales.
Luego llego la rezadora, y en tal oscura presencia las más mínimas luces se eclipsaron. Su entrada fue seguida por la un par de ayudantas con sendos rosarios en sus manos, cuyas lamentaciones llenaron la habitación. Ella se acercó al ataúd y luego de inclinar su rostro por un momento y decir unas palabras en un idioma que parecía latín, fue gentilmente conducida hacia un asiento cercano al de la abuela. Lúgubremente y en tono susurrante, la mujer comenzó su elogio de la muerte, y su tenebrosa voz, mezclada con dolidos sollozos cuya intención era estimular a los pocos presentes, pareció como el sonido del frío aire de la noche. El deprimente día se oscureció rápidamente a medida que ella rezaba; una cortina de nubes se asomaron y un par de gotas de lluvia brincaron en el piso de tierra del patio. Pareció como si la noche estuviera llorando al triste Torpedo.

Cuando las últimas frases del casi interminable Ave María habían sido dichas y solo se escuchaba el sutil llanto de la abuela, entró a la habitación Asaber, despacio, con un triste caminar y su cabeza y sus orejas  bajas, como llorando por el último adiós de su amo, su único amigo.
Mirando con lástima a Asaber estaban cuando sonó el viejo reloj de la abuela,  12 campanadas avisaron la media noche, el viento de la madrugada se hizo más y más frío, cuando el único sonido que se escucho fue un quejido del viejo Asaber, todos lo miraban asustados cuando comenzó a mover la cola, paró sus orejas, avanzó hacia el ataúd y se levanto en dos patas y ladró, como lo hacía con su amo cuando jugaban…

Los dolientes, las rezadoras y los borrachos jugadores de naipe salieron en veloz carrera, tratando en su terror de escapar de la horrorifica visión. Un hombre tropezó contra el ataúd tan fuerte que este cayó al piso, el cristal estalló en miles de pedazos por el golpe. Desde la abertura del cristal se asomaba espantosamente la cara de Torpedo, sonriendo por los lenguetazos  felices que le daba su único y fiel amigo Asaber…


martes, 21 de julio de 2015

El Juan y El Johnny...

Juan caminaba por aquella oscura calle que daba acceso a su trabajo en un pequeño supermercado, había salido tarde de trabajar porque su jefe reunió a todos los empleados para darles el pago de su aguinaldo de medio año que habían estado esperando
–Al fin voy a poder arreglar el carro- pensaba. Aquel silencio en la calle y la oscuridad de la noche fueron interrumpidos por un par de luces y el sonido de un motor. Juan camino más rápido y trato de no voltear, metió sus manos en la chumpa mientras caminaba con los hombros encogidos y entre labios una poderosa oración que ya le había funcionado antes en un par de ocasiones… al acercarse el carro sus palpitaciones se hicieron más rápidas y fuertes e hizo una profunda inhalación y retuvo el aire en sus pulmones, cuando el auto se detuvo bruscamente a su lado y de él se bajo un hombre fornido y mal encarado que con una voz muy ronca, la más ronca que jamás había oído le grito: ¡Quieto compita, no te menies, saca las manos de la chumpa! Soltó el aire de sus pulmones y con nerviosismo saco las manos y las subió a la altura de su cabeza…
-Baja las manos papo viejo- le dijo el ladrón mientras con una mano registraba todos los bolsillos y con la otra sostenía una enorme arma de fuego.
–Solo palmados me íncontrado hoy- dijo mientras Juan miraba nerviosos el brillo de unos dientes de oro al tiempo que escuchaba el sonido del papel del sobre con su dinero que salía de la bolsa de atrás de su pantalón, cerró los ojos y solo pudo pensar en su esposa embarazada y su hijito de 2 años que lo esperaban en casa.
¡Démola compa! Dijo el ladrón al chofer y arrancaron el carro pero no habían avanzado ni diez metros cuando se detuvo y comenzó a retroceder, a Juan casi se le paró el corazón cuando escucho al ladrón y a su cómplice discutir… -  hoy sí… ya me fui – pensó entre resignado y asustado, el ladrón bajo de nuevo del carro y le pregunto con aquella extraña voz y aquel raro hablar:
¿Cómo se llama compita?–
-Juan, contesto
-Ve!… igualito a mi! pero ahora me dicen el Johnny
Y ¿pa onde va compa?- pregunto Johnny
– no se preocupen – dijo Juan – voy aquí cerca –
-nombe compita subase a la máquina que le doy rai –
- No, de verdad que no – repitió Juan
-Que te subas te digo! Repitió el ladrón ya con tono de orden
Juan se subió al carro y luego Johnny… mientras Johnny manipulaba su arma y le decía que no mirara su cara ni la del conductor, a Juan le volvieron los pensamientos a su mujer y a su hijo, al Padre Nuestro y al Ave María, el tiempo se le hizo el más largo de su vida, después de un rato de andar divisó la parada de buses y dijo:
-Aquí me pueden dejar, aquí agarro el bus-
-Tas seguro?- pregunto Johnny
-Si, por favor dejenme aquí- dijo Juan con un tono de voz casi suplicante
-Parece compa- ordeno Johnny al conductor… Vaya, apiate, ordeno a Juan.
Cuando Juan bajo del carro Johnny lo detuvo con su mano en el pecho y le pregunto:
-¿Andas biyuyo pal bus?
-No- dijo Juan
Johnny saco el sobre de Juan, lo abrió y saco 50 Pesos y se los dio – Nos vemos compita- dijo al despedirse.

Juan se monto al bus aun nervioso y acongojado, miro los 50 pesos y pensó: – Buena onda este Johnny-…



LA INVASIÓN

 David era un hombre común y corriente, viudo, a sus 60 años se ganaba la vida en un destartalado y viejo taxi, era fanático de las película...