Ojalá existiera una vacuna contra la indiferencia. Hoy viendo las escenas del incendio, mire a una señora de unos 50 tirada en el piso con yagas en sus brazos, con su cabeza rapada por el fuego y sus ropas quemadas, mientras tanto, un camarógrafo de algún noticiero la filmaba y otro camarógrafo de otro noticiero la filmaba más de cerca, encima de ella, rodeándola con su lente encuadrado, como si fuera una ave de rapiña que espera el último suspiro de su presa... Las llamas alrededor de ella, un cilindro de gas en llamas peligrando estallar y ninguno de los dos camarógrafos ademas de un caminante que paso apresurado a su lado sin siquiera voltearse le ayudaron, hasta que un joven se metió entre las cámaras indiferentes, la levanto y la saco del peligro y del objetivo de la cámara, la señora y el héroe ya no eran noticia, se salieron de cuadro, las cámaras buscaron más victimas agonizantes... Vale más una buena toma que una vida? estoy más que seguro que la indiferencia es de cobardes...
domingo, 22 de marzo de 2015
domingo, 8 de febrero de 2015
Los Ahorros más especiales de mi vida...
Ese diciembre, al fin de año, Doña Alicia me llamo cuando me
vio en la calle jugando potra, me hizo entrar a su siempre reluciente sala y me
puso un sobre con mi nombre en él en mis manos, “esto es tuyo” me dijo “hace
tiempo te lo quería dar, nos vemos” dijo,
indicando que la plática era así de corta, tal vez porque me vio sucio y
sudado de pies a cabeza resultado de las revolcadas de la potra callejera y no
quería que le ensuciara su pulcra sala. Salí un poco confundido, abrí el viejo sobre
y en el había 3 Lempiras con 50 centavos y una nota con un nudo en la garganta que
decía “saldo del ahorro de Jorgito”.
Diez años atrás, nos reuníamos en casa de Alex y Carolina,
dos hermanos hijos de doña Alicia, a los que nunca dejaba salir más que para ir
al colegio, ella no dejaba que sus hijos tuvieran amigos en el barrio pero había
permitido a algunos cipotes del barrio llegaran a jugar, yo y mis menores
hermanos y mis vecinos hermanos Salomón y Enma éramos los elegidos. Siempre las reuniones eran
para jugar Lotería o Monopolio y así pasábamos la tarde entre risas acompañados
de “El Catrín”, “El Borracho” o comprando alguna propiedad en “Rua Augusta”
mientras doña Alicia nos llenaba con bandejas de churritos fiesta, dulces o galletas con
refresco de Cool-Aid.
Uno de esos días, doña Alicia nos dijo: quiero que hagamos
algo por nosotros, ahora cuando vengan, me van a dejar un ahorro, de la
cantidad que sea, en estos sobres voy a escribir sus nombres y ahí vamos a
guardar el ahorro, a final de año vamos a ver qué hacemos con él. ¿Qué opinan?
Nosotros éramos niños de 7 años, todavía sanos, confiados y aceptamos el reto.
Paso todo el año y nosotros, cada visita aportábamos para el
ahorro lo que nos sobraba en monedas. Una tarde de diciembre, unos días antes
de navidad, doña Alicia nos reunió y dijo: mañana se vienen bien bañados y cambiados
porque vamos a salir, ¡por fin vamos a disfrutar del ahorro navideño!… Una gran
noticia.
Llegamos a la hora pautada y caminamos hacia el centro, hacia
aquel Restaurante tipo americano llamado Brik Brak, entramos todos y nos
sentamos en aquellas grandes sillones de respaldar alto de cuerina, ese
restaurante que olía tan especial, una combinación entre sándwich cubano con
papas fritas, hamburguesas, café y malteadas. Teníamos derecho a pedir lo que
quisiéramos mientras tanto estuviera dentro del presupuesto de tus ahorros,
todos teníamos suficiente para una hamburguesa doble o el famoso sándwich
cubano, de los mejores de Tegucigalpa, además de una rebanada de pastel de
manzana con una bola de helado encima… “El otro año vamos a ver cuanto
ahorramos y a ver a donde vamos” comentábamos en nuestro regreso al barrio… El siguiente
año no fue igual por lo menos para mí. Yo ya casi nunca iba a casa de los
hermanos, me junte con otro grupo de amigos, otro ambiente y ya no era del
grupo selecto por doña Alicia quien después casi nunca me hablaba más que para
saludarme, hasta ese día, diez años después, cuando me llamo para darme ese sobre con
mi nombre y con los ahorros más especiales de mi vida…
sábado, 20 de diciembre de 2014
Karlotta
Karlotta, su carisma y personalidad extravagante y
bulliciosa que desde niña demostró eran su firma personal. Aunque llevaba una
vida bastante desordenada, era muy caritativa y servicial con sus vecinos,
siempre se le encontraba en los velorios de personalidades de Tegucigalpa, no
nos asombrábamos de verla al lado de los Callejas o de los Lardizabal en La
Auxiliadora; en todas las actividades del barrio decía presente. Cierta vez se
escucho en la radio que Karlota había fallecido consecuencia de las balas asesinas
de una mujer celosa a la que Karlotta le había robado su marido y al que
encontró en flagrante acto de infidelidad. Los carros de lujo no dejaban de
llegar a su casa, uno tras otro con gigantescos
y tristes arreglos florales y la calle se lleno de gente de luto llorando su pérdida,
mientras ella los recibía con grandes carcajadas, con tamales y guaro: “¡vamos
a celebrar mi velorio entonces, todos y todas las que están aquí son mis amigas
y me lo han demostrado al venir a mi muerte inventada. A beber y a comer hasta
el amanecer!” y así se armo la pachanga por su adelantado velorio.
Así fue, desde niños nos acostumbramos a aquel simbólico
personaje del que huíamos a veces o hacíamos rueda para escuchar sus divertidas
historias, como cuando perdió el título de Miss Honduras.
“Estábamos en la Ceiba” - comenzó su historia –“A mí me llamaron
a participar porque salí elegida miss Tegucigalpa y era la sensación del
certamen” -Estábamos seguros de que si, ya la habíamos visto encabezando
desfiles, en fotos en las paginas sociales de los diarios, en entrevistas con
Jacobo Goldstein y en un sinfín de eventos que hacían más grande su
popularidad.-
“Pues llegue y era la favorita del público y de los jueces, había
hecho gran algarabía con mi traje de noche y no digamos con el traje típico…¡sufran!
Les gritaba a las otras participante muy segura de mi merecido gane” - ( el
grito “sufran” acompañado de una auto-nalgada lo hizo famoso en su esfera de
amigas el cual usan hasta el día de hoy).- “Cuando salí en traje de baño fue eufórico,
todos se paraban para aplaudirme y me gritaban y silbaban sin parar, los flash
de las cámara me deslumbraban, era tanto el alboroto que me obligaron a salir
de nuevo al escenario… y ahí fue el Armagedón…. Se hizo un tremendo silencio y
nadie podía contener su cara de asombro, cuando levante las manos para saludar
al público, accidentalmente se me salió uno de mis grandes testículos por un
lado de mi pequeño bikini. Como pude me lo metí de vuelta, los mire a todos y
les grite ¡Y que pu…es que nunca habían visto un Guevo! Salí, baje del
escenario, agarre mis maletas y me vine
de vuelta sin mi merecida corona… ¡la perdí por un guevo!”…
Eso fue hace muchísimos años, Karlota termino vendiendo lotería
en el parque central, ya no era popular en los velorios de los ricos aunque de
vez en cuando la invitaban al Miss Honduras Gay, pero si la conoció toda Tegucigalpa,
hace poco murió por complicaciones del asma y de los riñones, esta vez no hubo
arreglos florales, ni tamales ni guaro, muchas generaciones de mi Tegucigalpa
la conocieron, muchas personas en toda Honduras al menos han escuchado alguna de
sus bizarras historias, le decían “La Perra Ñata” a ella no le gustaba este
apodo, le gustaba que le dijeran Karlotta…
domingo, 23 de noviembre de 2014
Clic
Hugo escuchó el “clic” del gatillo, cerró los ojos fuertemente, pensó en su madre, esperando que detonara el arma y le volara los sesos esparciéndolos por toda la calle…
10 minutos antes había estado bebiendo y fumando con sus amigos quienes se despidieron de él dejándolo solo en aquel pequeño estanco que acostumbraban visitar; aquel estanco de mala muerte del mentado “Manguito”, en la soledad de una calle del Barrio La Concordia… Ya no tenía dinero pero recordó que su Mamá había dejado la cartera en la sala de su casa y dispuso ir sacarle “prestados” un par de billetes para continuar con la noche alcohólica…
¡Dame todo lo que andas!- le dijo el nervioso asaltante. –No tengo nada- contesto Hugo nerviosamente.
Sintió en su cabeza el frío cañón de aquel revolver y esperó lo peor; pero nada paso, el asaltante había olvidado quitarle el seguro al arma y Hugo, aprovechando la oportunidad, se safó con una voltereta y le quito el arma al ladrón, los papeles se habían invertido, ahora era Hugo el que tenía el arma y le apuntaba a la cabeza al sorprendido ladrón, le quito el seguro, puso su dedo en el gatillo y lo miro fijamente a los ojos preguntándose a sí mismo, si él, un joven de bien, sería capaz de presionar el gatillo y volarle la cabeza a aquel malnacido, justo como aquel lo quiso hacer con él si no se hubiera equivocado tan ingenuamente con el seguro unos segundos atrás.
Ahora vos, dame todo lo que andas! –le grito Hugo al asustado y estúpido ladrón…
Manguito escucho una detonación que venía de unas calles cercanas y pensó en cerrar el estanco por seguridad, en eso estaba cuando entro Hugo, había conseguido dinero suficiente para un par de tragos más, para cigarros y hasta para marcar “Nights in White Satin” en la Rockola del estanco...
10 minutos antes había estado bebiendo y fumando con sus amigos quienes se despidieron de él dejándolo solo en aquel pequeño estanco que acostumbraban visitar; aquel estanco de mala muerte del mentado “Manguito”, en la soledad de una calle del Barrio La Concordia… Ya no tenía dinero pero recordó que su Mamá había dejado la cartera en la sala de su casa y dispuso ir sacarle “prestados” un par de billetes para continuar con la noche alcohólica…
¡Dame todo lo que andas!- le dijo el nervioso asaltante. –No tengo nada- contesto Hugo nerviosamente.
Sintió en su cabeza el frío cañón de aquel revolver y esperó lo peor; pero nada paso, el asaltante había olvidado quitarle el seguro al arma y Hugo, aprovechando la oportunidad, se safó con una voltereta y le quito el arma al ladrón, los papeles se habían invertido, ahora era Hugo el que tenía el arma y le apuntaba a la cabeza al sorprendido ladrón, le quito el seguro, puso su dedo en el gatillo y lo miro fijamente a los ojos preguntándose a sí mismo, si él, un joven de bien, sería capaz de presionar el gatillo y volarle la cabeza a aquel malnacido, justo como aquel lo quiso hacer con él si no se hubiera equivocado tan ingenuamente con el seguro unos segundos atrás.
Ahora vos, dame todo lo que andas! –le grito Hugo al asustado y estúpido ladrón…
Manguito escucho una detonación que venía de unas calles cercanas y pensó en cerrar el estanco por seguridad, en eso estaba cuando entro Hugo, había conseguido dinero suficiente para un par de tragos más, para cigarros y hasta para marcar “Nights in White Satin” en la Rockola del estanco...
sábado, 22 de noviembre de 2014
Blanca
A Blanca ya nadie le daría trabajo, con lo vieja que estaba, y preguntarle si tenía ahorros para poner una chiclera o un puesto en el mercado era realmente una falta de sensibilidad por no decir una cabronada… no tenía ni un cinco partido por mitad.. ¿Qué hacer con el estomago pegado a sí mismo?... ¿Robar? Ni lo quiera Dios, así no me criaron! ¿Pedir limosna? Naha… ya Tegus estaba llena pedigüeños, ya no hay chance para más, ¿me hago puta?... que va! Si, de verdad Blanca era vieja, 68 años encima, parte de los cuales los pasó en la cárcel pagando por haber matado a su abusivo padrastro que la abusaba desde niña, la embarazó y la hizo abortar al único hijo que pudo haber tenido en su sufrida existencia… ¿Qué hago? Se preguntaba, tiene que ser algo bueno, algo que nadie haya hecho jamás, algo fuera de serie!...Ya sé, voy a vender aire!… eso voy a hacer… barato lo voy a vender!
Así que manos a la obra, había hambre, no podía esperar más, además, no tenia familia ni amigos que le ayudasen... nadie. Salió a la calle con hambre, hambre de comida y hambre de por fin salir de su miseria, consiguió en un almacén unas pequeñas cajas y unas cintas para regalo usadas, pero faltaba algo, el ingrediente básico, buscando en la basura encontró una bola de cristal, de esas que se mueven para ver la nieve caer en una pequeña ciudad blanca, esta es la solución pensó.
Así que Blanca se sentó en la puerta de un supermercado a esperar a sus clientes, parecía una bruja de cuento, pero de las buenas, sus ropas estaban limpias, su cabello se estaba cambiado al color plata de la abuelitas, atraía a los niños con su voz, una dulce y hermosa voz… vení, les decía suavemente, ves esta bolita de cristal, no pesa nada, es mágica, pero solo para los niños que tienen un don especial… la vendo barata, la vamos a meter en esta cajita, la atamos con esta cinta para que no se salga, cuando llegues a tu casa la abrís, si la bola ya no está quiere decir que vos tenés ese don especial, pero no creas que la bolita ha desaparecido, querrá decir que se metió dentro de ti, en tu corazón y en adelante, será tu fortaleza, ya no tendrás miedo a la oscuridad, ya no te asustaran los monstruos y mucho menos los fantasmas y te hará dormir plácidamente y soñaras con lugares encantadores, llenos de dulces pasteles y llenos de gente buena y cosas maravillosas y alegres. Blanca, con un giro rápido de sus manos metía la bola por un lado y la sacaba por el otro sin que se dieran cuenta… Y de verdad que funcionaba.
Pues Blanca se hizo famosa, de boca en boca, por los periódicos y la televisión se fue regando la historia de la bruja que vendía una bola invisible, los papás llevaban a su niños y hacían fila para comprar por unas monedas la bola de cristal que podía quitarles los miedos y hacerlos soñar… Blanca murió años después y muchos quisieron imitar su negocio sin éxito, pensaron que la magia de Blanca sería comercializable, pero se equivocaron en algo, ella vendía un don, con su hermosa vos, le vendía a los niños el don de creer, de creer que esa nada, ese aire que encontraban en la caja vacía los hacia invencibles o mejor aún, esa nada lo hacía posible todo…
Así que manos a la obra, había hambre, no podía esperar más, además, no tenia familia ni amigos que le ayudasen... nadie. Salió a la calle con hambre, hambre de comida y hambre de por fin salir de su miseria, consiguió en un almacén unas pequeñas cajas y unas cintas para regalo usadas, pero faltaba algo, el ingrediente básico, buscando en la basura encontró una bola de cristal, de esas que se mueven para ver la nieve caer en una pequeña ciudad blanca, esta es la solución pensó.
Así que Blanca se sentó en la puerta de un supermercado a esperar a sus clientes, parecía una bruja de cuento, pero de las buenas, sus ropas estaban limpias, su cabello se estaba cambiado al color plata de la abuelitas, atraía a los niños con su voz, una dulce y hermosa voz… vení, les decía suavemente, ves esta bolita de cristal, no pesa nada, es mágica, pero solo para los niños que tienen un don especial… la vendo barata, la vamos a meter en esta cajita, la atamos con esta cinta para que no se salga, cuando llegues a tu casa la abrís, si la bola ya no está quiere decir que vos tenés ese don especial, pero no creas que la bolita ha desaparecido, querrá decir que se metió dentro de ti, en tu corazón y en adelante, será tu fortaleza, ya no tendrás miedo a la oscuridad, ya no te asustaran los monstruos y mucho menos los fantasmas y te hará dormir plácidamente y soñaras con lugares encantadores, llenos de dulces pasteles y llenos de gente buena y cosas maravillosas y alegres. Blanca, con un giro rápido de sus manos metía la bola por un lado y la sacaba por el otro sin que se dieran cuenta… Y de verdad que funcionaba.
Pues Blanca se hizo famosa, de boca en boca, por los periódicos y la televisión se fue regando la historia de la bruja que vendía una bola invisible, los papás llevaban a su niños y hacían fila para comprar por unas monedas la bola de cristal que podía quitarles los miedos y hacerlos soñar… Blanca murió años después y muchos quisieron imitar su negocio sin éxito, pensaron que la magia de Blanca sería comercializable, pero se equivocaron en algo, ella vendía un don, con su hermosa vos, le vendía a los niños el don de creer, de creer que esa nada, ese aire que encontraban en la caja vacía los hacia invencibles o mejor aún, esa nada lo hacía posible todo…
viernes, 7 de noviembre de 2014
Con el demonio antes de morir
Acostado en la cama, en la
soledad de la noche, contaba las gotas del transparente suero que caían lentamente para entrar en su torrente
sanguíneo, era su última noche y él lo presentía, ese día se había sentido
mucho mejor después de varios días de soportar intensos dolores, vómitos y
convulsiones musculares, ese era el día de paz que te regala la vida antes de
morir, es la víspera de tu muerte. Dispuesto a dormir estaba cuando escucho que
susurraban su nombre, a pesar que no podía ver casi nada, levanto la cabeza y
observo una sombra acercarse a su cama, apareció un hombre alto, muy alto, con
cara de ángel y mirada penetrante, vestido de negro, con bastón y perfume de
lirios, se sentó a sus pies, una de sus manos se poso sobre su tobillo y sintió
aquellos dedos fríos como el hielo que lo acariciaban suavemente… -Soy tu
demonio- le dijo, -vengo por vos-.
Era aquel demonio que siempre
anduvo a su lado, en las andanzas de su malvivida vida, en sus mozos días de
ladronzuelo callejero, en sus jóvenes días de asesino a sueldo, en sus últimos
días de estafador tramposo empedernido.
-¿Cómo te llamas?- Le dijo el
moribundo… aquel demonio lo miraba fijamente, sin contestar, solo se escuchaba
su respiración, dura, ansiosa, esperando el último suspiro del moribundo.
-¿No me vas a decir como te
llamas?- Pregunto de nuevo el moribundo.
- No – respondió el demonio
-¿Ni siquiera ahora que estoy
por morir?-
-No- repitió el demonio
-No puedo creer que no confíes en mi después de
tanto tiempo andado juntos, después de todas las experiencias que hemos vivido ¿no
me vas a decir con quien voy a caminar mi último camino?
-No insistas, no te lo diré y ya deja de joder, -
refunfuño el demonio, se acerco a su oído diciendo –terminate de morir que bien
sabes que llevo muchos años queriendo devorar tu sucia alma…
sábado, 25 de octubre de 2014
Folclore
Que bien que hagan películas basadas en el folclore hondureño y centroamericano, muy bien que le cuenten a las nuevas generaciones las historias bonitas que nos contaban antes nuestros papas y abuelos porque no las conocen, ahora los jóvenes de la generación tecnología no conocen historias como la sucia, la Llorona, El Cadejo, la Carreta Chillona, el Hombre sin Cabeza, la mujer mitad vaca y hasta los europeos duendes que robaban niñas traviesas y las viejas hadas que salían en nuestros pueblos... Ademas es una buena oportunidad de hacer cine con estas historias que no pagan derechos de autor... Lo negativo de esto, es que quieran adjudicar su autoría al Señor Jorge Montenegro.. con todo respeto por el señor que es muy buen contador de historias, pero el no escribió ninguna de estas historias, el, como muchos, las ha ido contando sacadas de la boca de los viejos cuentistas de los pueblos de Honduras y Centro América que en las plazas o por medio de las radios hacían palidecer a los niños y adultos en los pueblos cuando no existía la televisión y ni se soñaba con el internet... La culpa no ha de ser de el, más bien de los jóvenes que están haciendo estas películas y ven en el como la única fuente de información de estas historias... el crédito debe ser como guionista pero no como creador ni escritor, los creadores de estas fabulosas historias de nuestra rica cultura pueblerina están hace tiempo hechos polvo en algún viejo panteón en las aldeas y pueblos del interior...
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LA INVASIÓN
David era un hombre común y corriente, viudo, a sus 60 años se ganaba la vida en un destartalado y viejo taxi, era fanático de las película...
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Hace como 20 años me iba a parar a una esquina, todos los días a la 1 de la tarde a esperar para ver pasar a una cipota que me tenia loco, a...
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David era un hombre común y corriente, viudo, a sus 60 años se ganaba la vida en un destartalado y viejo taxi, era fanático de las película...
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Karlotta, su carisma y personalidad extravagante y bulliciosa que desde niña demostró eran su firma personal. Aunque llevaba una vida basta...




